ES · Junio 2026 · 8 min

Vuelta a Quisqueya · una declaración de origen

Hay un momento en la vida de una artista en el que la obra deja de ser sobre lo que aprendiste afuera y empieza a ser sobre lo que cargas adentro. Para mí ese momento llegó cuando empecé a trabajar la serie Vuelta a Quis…

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Hay un momento en la vida de una artista en el que la obra deja de ser sobre lo que aprendiste afuera y empieza a ser sobre lo que cargas adentro. Para mí ese momento llegó cuando empecé a trabajar la serie Vuelta a Quis…

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Hay un momento en la vida de una artista en el que la obra deja de ser sobre lo que aprendiste afuera y empieza a ser sobre lo que cargas adentro. Para mí ese momento llegó cuando empecé a trabajar la serie Vuelta a Quisqueya.

Quisqueya es el nombre taíno de la isla que hoy comparten República Dominicana y Haití. La palabra significa "madre de todas las tierras". No es metáfora. Es la primera mitología de identidad que se generó en el espacio que hoy llamamos Caribe. Nombrar la serie Vuelta a Quisqueya no es nostalgia geográfica. Es una decisión política y formal. La obra está volviendo a la fuente para hablar desde ahí, no desde el adentro del taller en Miami, no desde el discurso del arte contemporáneo internacional, no desde lo que el mercado pide.

La serie dialoga por ahora entre Ciguapa y Las piedras de Bahoruco. La primera trabaja mito, huella y supervivencia; la segunda, desde 2024, trabaja Larimar, memoria y herencia como sistemas vivos.

¿Por qué estos dos puntos de partida?

Ciguapa trabaja un mito · la mujer monte taína que camina con los pies al revés. Vive en las cuevas de Bahoruco. Tiene pelo hasta los tobillos. Si la persigues, sus huellas te llevan en dirección contraria. Es un cuento que sobrevivió la colonia, la esclavitud, la dictadura, la diáspora. No sobrevivió por casualidad. Sobrevivió porque codifica una estrategia · cómo se mueve una mujer caribeña para no ser capturada.

Las piedras de Bahoruco trabaja la piedra azul como paisaje de información heredada: cada esfera inspirada en el Larimar se vuelve célula de memoria, historia que se transmite, rasgo que permanece.

Las dos obras están hablando de lo mismo. De cómo una identidad sobrevive cuando todo a su alrededor está diseñado para borrarla. La ciguapa sobrevive caminando al revés. La piedra sobrevive cambiando de manos sin perder su origen geológico. Yo sobrevivo poniéndolas en una sola serie y nombrándolas en mi voz.

Vuelta a Quisqueya no es regreso turístico. No es la artista dominicana en Miami buscando inspiración en sus raíces. Es lo contrario. Es la artista dominicana en Miami declarando que las raíces nunca se quedaron atrás, que siempre estuvieron operando debajo del trabajo, y que ahora les toca aparecer en superficie.

La piedra no se exporta sin permiso. La memoria sí. Yo cargo el azul de Bahoruco en el cuerpo desde antes de saber que tenía nombre. Esta obra lo nombra.