No represento. Codifico.
Trabajo desde un cuerpo que es archivo, una materia que es lenguaje, y una abstracción que puede ser ancestral. Tres convicciones que sostienen toda una práctica de estudio · de la elección de soporte hasta la última capa de resina.
Mi obra levanta una mitología caribeña contemporánea. No ilustro el Caribe · lo encarno. Cada pieza es una pregunta que se niega a desaparecer · una ciguapa que huye sin dejar huella, una piedra de Bahoruco que recuerda lo que el subsuelo guardó, una isla que regresa a través del cuerpo migrante.
La práctica se desarrolla en tres movimientos. Living Systems (2024-2025, trece obras sobre lino belga preparado a mano con gesso acrílico en seis a ocho capas lijadas) asienta el vocabulario formal · resina epóxica vertida en pours sucesivos como agua contenida, esferas torneadas en madera o coladas en resina como célula, hoja de oro 23.75k aplicada con bol y agua como umbral, hilo de seda y algodón cosido a mano como linaje. El cuerpo se entiende ahí como sistema vivo, no como figura.
Self-Portraits (2025-2026, en curso) gana sujeto · la cara aparece a medias, oculta por velo de malla o sustituida por esfera. Faceless Self-Portrait integra una armadura termoplástica perforada · gauge clínico de 2.4 mm · adherida al lino con resina y pintada en cobalto y azul ultramar. La cicatriz queda visible como decisión formal. La cara está ausente: la malla describe el contorno facial con mayor precisión que cualquier imagen.
Vuelta a Quisqueya (2026, en preparación) es la obra ancla para CONTEXT Art Miami diciembre 2026. El sujeto se vuelve mito. La Ciguapa habita la primera pieza · figura femenina caribeña con pies invertidos para que su huella confunda al perseguidor · fuerza centrífuga, empuja al espectador hacia afuera. Las piedras de Bahoruco fija una memoria anterior · obra de 2024 en polímero y pan de oro de 24k sobre lienzo · larimar, memoria y herencia como sistemas vivos.
El vocabulario material se mantiene fijo y procede de fuentes específicas. Hilo de seda y algodón · cosido a mano con aguja curva sobre el lino preparado · cargan la tradición de la artesanía femenina antillana y la red de pesca dominicana. Resina y epoxi se vierten en pours sucesivos · cinco a doce capas según la profundidad óptica requerida · cada capa cura cuarenta y ocho horas antes de la siguiente. El oro · hoja 23.75k Mona Lisa y pintura mica · no decora. Marca el punto donde el cuerpo deja de ser cuerpo y empieza a ser luz. Esferas y discos son fabricados en estudio · torneados a mano en madera de pino o colados en resina con pigmento de óxido de hierro · vocabulario taíno disuelto en abstracción · célula, semilla, ojo, luna al mismo tiempo. La ambigüedad es deliberada.
El arte caribeño contemporáneo conoce la abstracción como archivo. Mi lugar en esa tradición es distinto: levanto la superficie matérica · la resina, el oro, el hilo · como el propio archivo. No el cuerpo representado sobre la superficie. La superficie como cuerpo. No represento. Codifico. El espectador no mira la obra. La obra lo reconoce.
Vivo y trabajo en Miami.
¿Dónde se fue?
Ciguapa es la primera obra ancla de Vuelta a Quisqueya · la pieza que codifica el cuerpo caribeño como mito. La Ciguapa es la figura femenina antillana de pies invertidos · sus huellas confunden al perseguidor. Folklore que no se deja atrapar.
El cráneo dimensional emerge del campo cerúleo. Un ojo cerrado · un ojo abierto. La doble mirada hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo · cuerpo diaspórico que habita dos lugares sin partirse. Filamentos de oro emergen del cráneo · pensamiento hecho materia. Una malla termoplástica clínica de radiación queda visible bajo la resina como armadura del rostro · la huida lleva estructura, la sobrevivencia se hace forma.
En el cuadrante inferior izquierdo, junto al cuello, dos cabujones de larimar dominicano se encuentran embebidos en resina sobre las huellas en arcilla de mi hija. Cuatro presencias en una sola zona del lienzo · la geología de Quisqueya en dos tamaños (madre · hija mineral), el cuerpo de la siguiente generación, y mi mano como mediadora entre los tres tiempos.
La obra opera por fuerza centrífuga · empuja al espectador hacia afuera, lo manda a buscar. Es la pieza que abre la cosmología. Par conceptual de Las piedras de Bahoruco · juntas no decoran el Caribe, lo argumentan.
¿De dónde venimos?
Las piedras de Bahoruco propone la identidad como un paisaje de información heredada. Cada piedra azul, inspirada en el Larimar —la piedra encontrada únicamente en la República Dominicana— es una célula de memoria, una historia que se transmite, un rasgo que permanece.
Del centro emerge una forma que es isla, coral, cuerpo y contenedor. No representa un lugar, sino la estructura viva de la herencia: algo que se forma bajo presión, en silencio, y que solo se revela con el tiempo.
Las piedras de Bahoruco honra la tierra que me formó y convierte su rareza geológica en un lenguaje contemporáneo de pertenencia.
La superficie como cuerpo. La materia como primer lenguaje.